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Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo (27 de febrero de 1957)
El tema general que abordaré es el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo. Para facilitar su exposición, lo voy a presentar dividido en doce partes. En esta ocasión, me referiré también al problema de las contradicciones entre nosotros y el enemigo, pero centraré la atención en el examen de las contradicciones en el seno del pueblo.
I. DOS TIPOS DE CONTRADICCIONES DE DIFERENTE CARACTER
Hoy nuestro país está más unido que nunca. El triunfo de la revolución democrático-burguesa y las victorias de la revolución socialista, así como los éxitos alcanzados en la construcción socialista, han cambiado rápidamente la fisonomía de la vieja China. Ante nuestra patria se abre un futuro aún más radiante. Pertenecen para siempre al pasado los días de división y caos en el país, tan odiados por el pueblo. Bajo la dirección de la clase obrera y del Partido Comunista, los seiscientos millones de seres de nuestro pueblo, unidos en apretado haz, están realizando la gran obra de la construcción socialista. La unificación de nuestro país, la unidad de nuestro pueblo y la de todas nuestras nacionalidades constituyen la garantía fundamental para la ineluctable victoria de nuestra causa. Pero esto no significa que en nuestra sociedad ya no exista ninguna contradicción. La idea de que no hay contradicciones es una ingenuidad, que no corresponde a la realidad objetiva. Existen ante nosotros dos tipos de contradicciones sociales: contradicciones entre nosotros y el enemigo y contradicciones en el seno del pueblo. Estos dos tipos de contradicciones son de naturaleza completamente distinta. Para comprender correctamente estos dos tipos diferentes de contradicciones, se hace necesario, ante todo, precisar qué se entiende por "pueblo" y que por "enemigo". El concepto de "pueblo" tiene diferente contenido en diversos países y en distintos períodos de la historia de cada país. Tomemos, por ejemplo, el caso de China. Durante la Guerra de Resistencia contra el Japón, el pueblo lo integraban todas las clases, capas y grupos sociales que se oponían a la agresión japonesa, mientras que los imperialistas japoneses, los colaboracionistas chinos y los elementos projaponeses eran todos enemigos del pueblo. En el período de la Guerra de Liberación, los enemigos del pueblo eran los imperialistas norteamericanos y sus lacayos -- la burguesía burocrática y la clase terrateniente, así como los reaccionarios del Kuomintang que representaban a estas clases --; el pueblo lo constituían todas las clases, capas y grupos sociales que luchaban contra estos enemigos. En la etapa actual, período de edificación del socialismo, integran el pueblo todas las clases, capas y grupos sociales que aprueban y apoyan la causa de la construcción socialista y participan en ella, mientras que son enemigos del pueblo todas las fuerzas y grupos sociales que oponen resistencia a la revolución socialista y se muestran hostiles a la construcción socialista o la sabotean. Las contradicciones entre nosotros y el enemigo son antagónicas. En cuanto a las contradicciones en el seno del pueblo, las que existen dentro de las masas trabajadoras no son antagónicas, mientras que las existentes entre la clase explotada y la explotadora tienen, además del aspecto antagónico, otro no antagónico. Las contradicciones en el seno del pueblo no datan de hoy, pero tienen distinto contenido en los diferentes períodos de la revolución y el período de la construcción socialista. En las condiciones actuales de nuestro país, esas contradicciones comprenden: las contradicciones dentro de la clase obrera, dentro del campesinado y dentro de la intelectualidad; las contradicciones entre la clase obrera y el campesinado; las contradicciones entre los obreros y campesinos, por una parte, y los intelectuales, por la otra; las contradicciones entre la clase obrera y los demás trabajadores, de un lado, y la burguesía nacional, del otro; las contradicciones dentro de la burguesía nacional, etc. Nuestro gobierno popular es un gobierno que representa realmente los intereses del pueblo y que está al servicio de éste. Sin embargo, entre el gobierno y las masas populares también existen ciertas contradicciones. Estas incluyen las contradicciones entre los intereses del sector estatal, los intereses del sector colectivo y los intereses individuales, entre la democracia y el centralismo, entre dirigentes y dirigidos y entre las masas y ciertos trabajadores gubernamentales con estilo burocrático. Todas éstas también son contradicciones en el seno del pueblo. Hablando en términos generales, las contradicciones en el seno del pueblo son contradicciones que se dan sobre la base de la identidad fundamental de los intereses de éste. En nuestro país, la contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional hace parte de las contradicciones en el seno del pueblo. La lucha de clases entre la clase obrera y la burguesía nacional es, en general, una lucha de clases en las filas del pueblo, porque la burguesía nacional de China tiene doble carácter. En el período de la revolución democrático-burguesa, ella tenía en su carácter tanto un lado revolucionario como otro conciliador. En el período de la revolución socialista, al tiempo que explota a la clase obrera obteniendo ganancias, apoya la Constitución y se muestra dispuesta a aceptar la transformación socialista. La burguesía nacional difiere del imperialismo, la clase terrateniente y la burguesía burocrática. La contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional, que es una contradicción entre explotados y explotadores, es de suyo antagónica. Sin embargo, en las condiciones concretas de China, esta contradicción antagónica entre las dos clases, si la tratamos apropiadamente, puede transformarse en no antagónica y ser resuelta por medios pacíficos. Pero la contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional se convertirá en una contradicción entre nosotros y el enemigo si no la tratamos como es debido, es decir, si no aplicamos la política de unidad, crítica y educación respecto a la burguesía nacional, o si ella no acepta esta política nuestra. Las contradicciones entre nosotros y el enemigo y las contradicciones en el seno del pueblo, por ser de distinta naturaleza, deben resolverse con diferentes métodos. En pocas palabras, en el primer caso, se trata de establecer una clara distinción entre nosotros y el enemigo y, en el segundo, entre lo correcto y lo erróneo. Por supuesto, distinguir entre nosotros y el enemigo también implica distinguir entre lo correcto y lo erróneo. Por ejemplo, la cuestión de si la razón nos asiste a nosotros o a los reaccionarios internos y externos -- el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático --, supone asimismo distinguir entre lo correcto y lo erróneo, pero se diferencia, por su naturaleza, de las cuestiones relativas a lo correcto y lo erróneo en el seno del pueblo. El nuestro es un Estado de dictadura democrática popular, dirigido por la clase obrera y basado en la alianza obrero-campesina. ¿Cuáles son las funciones de esta dictadura? Su primera función es reprimir, dentro del país, a las clases y elementos reaccionarios, a los explotadores que oponen resistencia a la revolución socialista y a los que sabotean nuestra construcción socialista, es decir, resolver las contradicciones entre nosotros y el enemigo interno. Por ejemplo, está dentro del marco de nuestra dictadura arrestar, juzgar y condenar a ciertos contrarrevolucionarios, lo mismo que privar por determinado tiempo de derechos electorales y libertad de expresión a los terratenientes y burgueses burocráticos. Para mantener el orden público y defender los intereses de las masas populares, también es necesario ejercer la dictadura sobre los ladrones, estafadores, incendiarios, asesinos, bandas de malhechores y otros elementos nocivos que alteran seriamente el orden público. La segunda función de esta dictadura es defender a nuestro país de la subversión y eventual agresión de los enemigos externos. En este caso, la dictadura asume la tarea de resolver la contradicción entre nosotros y el enemigo externo. El objetivo de la dictadura es proteger a todo el pueblo para que pueda dedicarse al trabajo pacífico y así transformar a China en un país socialista con una industria, una agricultura, una ciencia y una cultura modernas. ¿Quiénes ejercen la dictadura? Naturalmente, la clase obrera y el pueblo dirigido por ella. La dictadura no se aplica dentro del pueblo. Es imposible que el pueblo ejerza la dictadura sobre sí mismo, e inadmisible que una parte del pueblo oprima a otra. Los elementos pertenecientes al pueblo que infrinjan las leyes también deben ser castigados con arreglo a la ley, pero entre esto y la dictadura que reprime a los enemigos del pueblo media una diferencia de principio. Dentro del pueblo se practica el centralismo democrático. Nuestra Constitución estipula que los ciudadanos de la República Popular China gozan de libertad de palabra, de prensa, de reunión, de asociación, de desfile, de manifestación, de culto, etc. Establece, además, que los organismos del Estado practiquen el centralismo democrático y se fundamenten en las masas populares y que su personal sirva al pueblo. Nuestra democracia socialista es la democracia más amplia, una democracia que no puede existir en ningún Estado burgués. Nuestra dictadura es una dictadura democrática popular, dirigida por la clase obrera y basada en la alianza obrero-campesina. Esto significa que dentro del pueblo se practica la democracia, mientras que la clase obrera, en unión con todos los que gozan de derechos ciudadanos, los campesinos en primer lugar, ejerce la dictadura sobre las clases y elementos reaccionarios y sobre aquellos que se oponen a las transformaciones socialistas y la construcción socialista. En sentido político, por derechos ciudadanos se entienden los derechos a la libertad y a la democracia. Sin embargo, esta libertad es una libertad bajo dirección, y esta democracia es una democracia guiada por el centralismo; no son la anarquía. La anarquía no responde a los intereses y deseos del pueblo. Los acontecimientos de Hungría causaron alegría a algunos individuos de nuestro país. Estos abrigaban la esperanza de que en China también se producirían sucesos semejantes, de que miles y miles de personas se echarían a las calles para pronunciarse contra el gobierno popular. Tal esperanza está en pugna con los intereses de las masas populares y no puede contar con su apoyo. En Hungría, una parte de las masas, engañada por las fuerzas contrarrevolucionarias internas y externas, cometió el error de recurrir a la violencia contra el gobierno popular, a consecuencia de lo cual tanto el Estado como el pueblo sufrieron pérdidas. Será necesario un largo tiempo para reparar los daños ocasionados a la economía en unas pocas semanas de motín. Hay otras gentes en China que se han mostrado vacilantes ante el problema de Hungría, porque no comprenden los fenómenos concretos del mundo. Creen que bajo nuestro sistema democrático popular hay muy poca libertad frente a la mucha que, según ellas, hay bajo el sistema democrático parlamentario de Occidente. Reclaman que se implante, a la manera occidental, el sistema bipartidista, conforme al cual un partido está en el Poder y el otro fuera de él. Pero el así llamado sistema bipartidista no es más que un medio de mantener la dictadura burguesa, y no puede en absoluto asegurar ninguna libertad al pueblo trabajador. Realmente, en el mundo sólo hay libertad y democracia en concreto, nunca en abstracto. En una sociedad en que existe lucha de clases, si hay libertad para que las clases explotadoras exploten al pueblo trabajador, no la hay para que éste no sufra explotación; si hay democracia para la burguesía, no la hay para el proletariado y el resto del pueblo trabajador. En algunos países capitalistas se permite, es cierto, la existencia legal del Partido Comunista, pero sólo hasta el punto en que éste no ponga en peligro los intereses fundamentales de la burguesía; no se le permite ir más allá de ese límite. Los que piden libertad y democracia abstractas consideran a la democracia como un fin y no como un medio. A veces la democracia parece un fin, pero en realidad es sólo un medio. El marxismo nos enseña que la democracia forma parte de la superestructura y pertenece a la categoría de la política. Esto significa que, en fin de cuentas, la democracia sirve a la base económica. Lo mismo ocurre con la libertad. Tanto la democracia como la libertad son relativas, de ningún modo absolutas; ambas han surgido y se desarrollan en el curso de la historia. En el seno del pueblo, la democracia es correlativa al centralismo, y la libertad, a la disciplina. En ambos casos se trata de dos términos opuestos de un todo único, contradictorios y a la vez unidos; no debemos destacar unilateralmente uno de ellos y negar el otro. En el seno del pueblo, no se puede prescindir de la libertad, y tampoco de la disciplina; no se puede prescindir de la democracia, y tampoco del centralismo. Esta unidad de democracia y centralismo, de libertad y disciplina, constituye nuestro centralismo democrático. Bajo este sistema, el pueblo disfruta de amplia democracia y libertad, pero, al mismo tiempo, debe mantenerse dentro de los límites de la disciplina socialista. Todo esto lo comprenden las grandes masas populares. Abogamos por una libertad bajo dirección y una democracia guiada por el centralismo, pero con esto no queremos decir en ningún sentido que, en el seno del pueblo, deban emplearse métodos coercitivos para resolver los problemas ideológicos y los problemas relativos a la distinción entre lo correcto y lo erróneo. Pretender solucionar estos problemas utilizando órdenes administrativas y métodos coercitivos no sólo sería inútil, sino perjudicial. No podemos abolir la religión por medio de órdenes administrativas, ni obligar a la gente a no creer en ella. No se puede forzar a la gente a que abandone el idealismo, del mismo modo que no se la puede compeler a aceptar el marxismo. Los problemas de carácter ideológico y las controversias en el seno del pueblo únicamente pueden resolverse empleando métodos democráticos -- discusión, crítica, persuasión y educación --, y en ningún caso recurriendo a métodos coercitivos o represivos. A fin de poder dedicarse Fructíferamente a la producción y al estudio y vivir en un ambiente de orden, el pueblo requiere que su gobierno y los dirigentes de la producción y de las instituciones culturales y educacionales dicten apropiadas disposiciones administrativas con carácter obligatorio. Es de sentido común que sin ellas sería imposible mantener el orden público. Las órdenes administrativas y el método de persuasión y educación se complementan mutuamente en la solución de las contradicciones en el seno del pueblo. Incluso las disposiciones administrativas dictadas con el fin de mantener el orden público deben ir acompañadas de la persuasión y la educación, ya que, en muchos casos, no dan resultado por sí solas. En 1942 sintetizamos este método democrático de resolver las contradicciones en el seno del pueblo en la fórmula "unidad -- crítica -- unidad", que, expresada en forma detallada, significa partir del deseo de unidad, resolver las contradicciones a través de la crítica o la lucha y alcanzar una nueva unidad sobre una base nueva. Según nuestra experiencia, éste es el método correcto para resolver las contradicciones en el seno del pueblo. En 1942 lo empleamos para resolver las contradicciones dentro del Partido Comunista, o sea, las contradicciones entre los dogmáticos y la gran masa de militantes del Partido, entre las ideas dogmáticas y las marxistas. Con anterioridad a esto, los dogmáticos "izquierdistas" habían empleado en la lucha interna del Partido el método de "lucha despiadada y golpes implacables". Este método era erróneo. Cuando criticamos el dogmatismo de "izquierda", no aplicarnos este viejo método, sino uno nuevo, que consiste en partir del deseo de unidad, distinguir entre lo correcto y lo erróneo a través de la crítica o la lucha y alcanzar una nueva unidad sobre una base nueva. Este método se empleó en la campaña de rectificación de 1942. Unos años después, en 1945, cuando el Partido Comunista de China celebró su VII Congreso Nacional, se logró, en efecto, la unidad de todo el Partido y, como resultado de ello, se obtuvo la gran victoria de la revolución popular. La aplicación de este método requiere ante todo partir del deseo de unidad. Pues, si subjetivamente no existe tal deseo, apenas se inicie la lucha se armará un embrollo difícil de desenredar. ¿Acaso no equivaldría esto a aquello de "lucha despiadada y golpes implacables"? Y entonces, ¿de que unidad del Partido podría hablarse? De esta experiencia dedujimos la fórmula: "unidad -- crítica -- unidad"; en otras palabras, "sacar lecciones de los errores pasados para evitarlos en el futuro, y tratar la enfermedad para salvar al paciente". Extendimos este método fuera del Partido. Lo aplicamos con gran éxito en todas las bases de apoyo antijaponesas al tratar las relaciones entre la dirección y las masas, entre el ejército y el pueblo, entre oficiales y soldados, entre las diversas unidades del ejército y entre los distintos grupos de cuadros. El uso de este método puede remontarse a tiempos aún más lejanos en la historia de nuestro Partido. Desde que creamos, en 1927, nuestras fuerzas armadas y bases de apoyo revolucionarias en el Sur, lo hemos venido aplicando en las relaciones entre el Partido y las masas entre el ejército y el pueblo, entre oficiales y soldados, así como en otras relaciones dentro del pueblo. La única diferencia reside en que, durante la guerra antijaponesa, lo aplicamos sobre una base más consciente. Después de la liberación de todo el país, hemos empleado el mismo método de "unidad -- crítica -- unidad" en nuestras relaciones con los partidos democráticos y con los círculos industriales y comerciales. Nuestra tarea actual consiste en seguir generalizándolo entre todo el pueblo y aplicarlo cada vez mejor; planteamos que todas las fábricas, cooperativas, establecimientos comerciales, centros docentes, entidades oficiales y organizaciones populares, en una palabra, los seiscientos millones de integrantes de nuestro pueblo, lo usen para resolver sus contradicciones internas. En circunstancias normales, las contradicciones en el seno del pueblo no son antagónicas. Sin embargo, pueden llegar a serlo si no las tratamos como es debido o si aflojamos nuestra vigilancia y nos adormecemos políticamente. En un país socialista, semejante situación no pasa de ser, por lo común, un fenómeno parcial y transitorio. Esto se explica porque allí ya se ha abolido el sistema de explotación del hombre por el hombre y existe una identidad fundamental de intereses en las filas del pueblo. Las acciones antagónicas que se dieron en proporciones tan grandes durante los acontecimientos de Hungría se debieron a la intervención de Factores contrarrevolucionarios internos y externos. Fue un fenómeno particular y temporal. Es así como los reaccionarios dentro de un país socialista, en confabulación con los imperialistas y explotando las contradicciones en el seno del pueblo, fomentan disensiones y provocan desórdenes, en un intento de materializar sus designios conspirativos. Esta lección de los acontecimientos de Hungría merece la atención de todos. A muchos les parece que plantear el empleo de métodos democráticos para resolver las contradicciones en el seno del pueblo es una cuestión nueva. Pero en realidad no es así. Los marxistas siempre han considerado que la causa del proletariado no se puede realizar sino fundamentándose en las masas populares y que, al actuar entre los trabajadores, los comunistas deben emplear el método democrático de persuasión y educación y en ningún caso proceder con actitud autoritaria o recurrir a la coerción. El Partido Comunista de China se atiene fielmente a este principio marxista-leninista. Siempre hemos sostenido que, bajo la dictadura democrática popular, deben usarse dos métodos diferentes -- la dictadura y la democracia -- para resolver dos tipos de contradicciones de distinto carácter: las contradicciones entre nosotros y el enemigo, y las existentes en el seno del pueblo. De ello se ha hablado bastante en numerosos documentos de nuestro Partido y discursos de muchos de sus dirigentes. En "Sobre la dictadura democrática popular", que escribí en 1949, decía que "la combinación de estos dos aspectos, democracia para el pueblo y dictadura para los reaccionarios, constituye la dictadura democrática popular", y que para resolver los problemas en el seno del pueblo, "el método que empleamos es democrático, o sea, un método de persuasión, y no de coacción". En mi intervención ante la II Sesión del I Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, celebrada en junio de 1950, dije también: "La dictadura democrática popular presupone dos métodos. Con los enemigos, se emplea la dictadura, es decir, durante el tiempo que sea necesario, no se les permite tomar parte en las actividades políticas, y se los obliga a acatar las leyes del gobierno popular y a dedicare al trabajo físico para que, por este medio, se transformen en gente nueva. Con el pueblo, por el contrario, se emplean métodos democráticos y no coercitivos, es decir, se le garantiza su participación en las actividades políticas y, en vez de obligarlo a hacer esto o aquello, se realiza un trabajo de educación y persuasión con métodos democráticos. Este trabajo de educación es el trabajo de autoeducación en el seno del pueblo, y su método fundamental lo constituyen la crítica y la autocrítica." Hemos hablado muchas veces sobre el problema del empleo de métodos democráticos para resolver las contradicciones en el seno del pueblo; además, los hemos aplicado en lo fundamental en nuestro trabajo, y muchos cuadros y gran parte del pueblo han comprendido ese problema en la práctica. ¿Por qué todavía hay quienes piensan que se trata de algo nuevo? Porque la lucha entre nosotros y el enemigo, tanto interno como externo, era muy aguda en el pasado, y la gente no fijaba tanto como ahora su atención en las contradicciones en el seno del pueblo. Mucha gente no sabe distinguir con claridad estos dos tipos de contradicciones diferentes por su carácter -- las existentes entre nosotros y el enemigo, y las que hay en el seno del pueblo -- y los confunden fácilmente. Debemos reconocer que a veces es fácil confundirlos; en ciertos casos, esta confusión se ha producido en nuestra labor del pasado. Durante la eliminación de los contrarrevolucionarios, en algunas ocasiones se tomó equivocadamente por malas a personas buenas, y esto ocurre también ahora. Si nuestras equivocaciones no se extendieron, fue porque nuestra política al respecto estipula la necesidad de trazar una clara línea divisoria entre nosotros y el enemigo y de corregir todo error que se descubra. La filosofía marxista sostiene que la ley de la unidad de los contrarios es la ley fundamental del universo. Esta ley tiene validez universal, tanto para la naturaleza y la sociedad humana como para el pensamiento del hombre. Los lados opuestos de una contradicción forman una unidad y a la vez luchan entre sí, lo cual produce el movimiento y el cambio de las cosas. En todas partes existen contradicciones pero estas tienen diverso carácter según sea la naturaleza de las cosas. En cualquier cosa concreta, la unidad de los contrarios es condicional, temporal, transitoria y, por eso, relativa, mientras que la lucha entre los contrarios es absoluta. Esta ley la expuso Lenin con gran claridad. En nuestro país es cada vez mayor el número de personas que la comprenden. Sin embargo, en el caso de mucha gente, una cosa es que reconozcan esta ley, y otra que la apliquen al examinar y tratar los problemas. Son muchos los que no se atreven a reconocer abiertamente que en el seno de nuestro pueblo existen todavía contradicciones cuando precisamente son ellas las que hacen avanzar nuestra sociedad. Muchos no reconocen que en la sociedad socialista existen aún contradicciones y, por ello, obran con timidez y pierden la iniciativa frente a las contradicciones sociales; no comprenden que en el incesante proceso de tratar y resolver correctamente las contradicciones se afianzarán cada vez más la cohesión y la unidad internas de la sociedad socialista. De ahí la necesidad de llevar a cabo una labor explicativa entre nuestro pueblo, ante todo entre los cuadros, a fin de conducirlos a que comprendan las contradicciones en la sociedad socialista y aprendan a tratarlas con métodos correctos. Las contradicciones en la sociedad socialista son radicalmente distintas de las existentes en las viejas sociedades, como por ejemplo las contradicciones en la sociedad capitalista. Estas últimas se manifiestan en violentos antagonismos y conflictos, en una enconada lucha de clases; no pueden ser resueltas por el sistema capitalista mismo, sino únicamente por la revolución socialista. Por el contrario, las contradicciones en la sociedad socialista son otra cosa, pues no tienen carácter antagónico y el mismo sistema socialista puede resolverlas incesantemente. En la sociedad socialista, las contradicciones fundamentales siguen siendo las existentes entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, y entre la superestructura y la base económica. Sin embargo, por su carácter y sus manifestaciones, estas contradicciones son radicalmente distintas de las que se daban en las viejas sociedades entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, y entre la superestructura y la base económica. El actual sistema social de nuestro país es muy superior al dé antaño. De no ser así, el viejo sistema no habría sido derrocado y el nuevo no habría podido implantarse. Al afirmar que las relaciones de producción socialistas son por su naturaleza más apropiadas que las de la vieja época para el desarrollo de las fuerzas productivas, se quiere decir que aquéllas permiten a las fuerzas productivas desarrollarse a un ritmo desconocido en la vieja sociedad, gracias a lo cual la producción puede ampliarse de continuo y las siempre crecientes necesidades del pueblo pueden satisfacerse de manera gradual. En la vieja China, sometida a la dominación del imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático, las fuerzas productivas se desarrollaban con extrema lentitud. Durante más de medio siglo antes de la Liberación, la producción anual de acero en todo el país, sin contar la del Nordeste, no pasaba de unas decenas de miles de toneladas, mientras que, incluyendo ésta, la producción máxima anual alcanzó sólo a algo más de novecientas mil toneladas. En 1949, la producción de acero en todo el país fue sólo de poco más de cien mil toneladas. Pero ahora, apenas siete años después de la liberación del país, ya asciende a cuatro millones y varios cientos de miles de toneladas. En la vieja China casi no existía industria de construcción de maquinaria, y mucho menos las industrias automotriz y aeronáutica. Hoy, sin embargo, se ha creado todo esto. ¿Hacia dónde debía marchar China una vez que el pueblo derrocó la dominación del imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático? ¿Hacia el capitalismo o hacia el socialismo? Mucha gente no tenía una idea clara al respecto. Los hechos han dado la respuesta: Sólo el socialismo puede salvar a China. El sistema socialista ha promovido un impetuoso desarrollo de nuestras fuerzas productivas, hecho que hasta nuestros enemigos externos han tenido que reconocer. Pero nuestro sistema socialista acaba de instaurarse, y aún no está totalmente establecido ni consolidado por completo. En las empresas mixtas estatal-privadas de la industria y el comercio, los capitalistas reciben todavía un dividendo fijo, valga decir, aún existe explotación. En cuanto a la propiedad se refiere, este tipo de empresas no tiene todavía un carácter completamente socialista. Una parte de las cooperativas de producción agrícola y de las cooperativas de producción artesanal aún es de carácter semisocialista. En las cooperativas enteramente socialistas, quedan por resolver ciertos problemas acerca de la propiedad. Las relaciones entre las distintas ramas de la economía en cuanto a producción e intercambio, están aún estableciéndose de modo gradual y en consonancia con los principios socialistas y van buscando poco a poco formas relativamente adecuadas. Dentro de cada uno de los dos sectores de la economía socialista -- el uno de propiedad de todo el pueblo y el otro de propiedad colectiva --, así como en sus relaciones mutuas, fijar la proporción entre la acumulación y el consumo es un problema complicado, al que no es fácil encontrar de golpe una solución completamente racional. En resumidas cuentas, ya se han creado las relaciones de producción socialistas y ellas están en consonancia con el desarrollo de las fuerzas productivas; pero, al mismo tiempo, están lejos de ser perfectas, y esta imperfección se halla en contradicción con el desarrollo de las fuerzas productivas. Este fenómeno de consonancia y contradicción simultáneas, además de darse entre las relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas, se presenta también entre la superestructura y la base económica. La superestructura -- el sistema estatal y las leyes de la dictadura democrática popular, así como la ideología socialista guiada por el marxismo-leninismo -- desempeña un positivo papel impulsor para la victoria de las transformaciones socialistas y el establecimiento de la organización socialista del trabajo en nuestro país; ella está en consonancia con la base económica socialista, es decir, con las relaciones de producción socialistas. Pero, a su vez, la existencia de la ideología burguesa, cierto estilo burocrático en nuestros organismos estatales y las deficiencias en algunos eslabones del sistema estatal, están en contradicción con la base económica socialista. En adelante, debemos seguir solucionando estas contradicciones según lo aconsejen las circunstancias concretas. Naturalmente, una vez resueltas estas contradicciones, surgirán nuevos problemas. Y las nuevas contradicciones también exigirán solución. Por ejemplo, se necesita hacer constantes reajustes mediante los planes del Estado para tratar la contradicción entre la producción social y las necesidades sociales, contradicción que continuará existiendo objetivamente durante largo tiempo. Nuestro Estado elabora cada año un plan económico y establece una proporción adecuada entre la acumulación y el consumo, a fin de lograr el equilibrio entre la producción y las necesidades. Lo que llamamos equilibrio es la temporal y relativa unidad de los contrarios. Al cabo de un año, este equilibrio, tomado en su conjunto, queda roto por la lucha de los contrarios, esta unidad se ve alterada, el equilibrio se convierte en desequilibrio, la unidad en desunidad y, entonces, una vez más se hace necesario conseguir el equilibrio y ja unidad para el año siguiente. En esto reside la superioridad de nuestra economía planificada. En realidad, este equilibrio y esta unidad se rompen parcialmente cada mes y cada trimestre, y se requieren reajustes parciales. A veces, se presentan contradicciones y se rompe el equilibrio debido a que las medidas subjetivas no corresponden a la realidad objetiva. Esto es lo que llamamos cometer un error. Las contradicciones surgen de continuo y se resuelven también continuamente: He aquí la ley dialéctica del desarrollo de las cosas. La situación actual es la siguiente: Las vastas y tempestuosas luchas clasistas de las masas, características de los períodos de revolución, han terminado en lo fundamental, pero la lucha de clases no ha cesado por completo. Las grandes masas populares acogen el nuevo sistema, pero todavía no se sienten muy acostumbradas a él. Los trabajadores gubernamentales aún no tienen suficiente experiencia y necesitan seguir examinando y explorando algunos problemas relativos a las políticas concretas. En otras palabras, se necesita un proceso para que nuestro sistema socialista continúe estableciéndose y consolidándose, para que las masas se acostumbren al nuevo sistema y para que los trabajadores gubernamentales aprendan y adquieran experiencias. En este momento es, pues, imperativo que planteemos la cuestión de diferenciar las contradicciones en el seno del pueblo de las existentes entre nosotros y el enemigo y la de tratar correctamente las contradicciones en el seno del pueblo, con el propósito de cohesionar al pueblo de todas las nacionalidades de nuestro país para una nueva batalla -- la batalla contra la naturaleza --, desarrollar nuestra economía y nuestra cultura, hacer que todo el pueblo atraviese de manera relativamente feliz el actual período de transición, consolidar nuestro nuevo sistema y construir nuestro nuevo Estado.
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Por lobogabriel - 23 de Abril, 2009, 9:29, Categoría: lecturas
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